lo que tengo es envidia.
el señor sabina hace las cosas tan bien y yo tan mal...
no soy de ésos a los que hasta el fracaso se les ve despampanante. a mí se me ven las ojeras y la desilusión. como ganas de causar lástima.
sabina y otros son tipos duros. reciben los chingadazos y le dan una calada al cigarrillo. continúan bebiéndose su whisky como si nada hubiera pasado. juegan con el hielo inclinando el vaso a la izquierda y a la derecha, o en círculos. escriben sin rencor, con nostalgia, con una sonrisa que en mí se vería amarga. y a pesar de todo lo que les ocurre, el mundo es el que está mal, la física no cuadra y las matemáticas son idiotas porque no pueden explicar que dos más dos no sean cuatro.
no puedo sacarme de la cabeza el consejo que me dieron un día: que necesito reírme del mundo y burlarme de lo idiota que se ve. pero cómo me voy a reír. ¿y si el mundo se enoja? ¿y si luego ya no me quiere hablar? y es que yo nunca sé cuándo detenerme. siempre se me pasa la mano. así me ha ocurrido con un montón de gente que ahora no me interesa, pero que en algún momento me importó. y es que, coño, esa maldita idea de que la acción está en los extremos es la que me ha echado a perder todo. ahora ya no distingo entre los extremos y otras medidas. hasta los tipos duros y los románticos se moderan, pero a mí no me sale nada bien. lo mejor será quedarme con mi personalidad, aunque envidie la que tienen esos tipos duros, como sabina, hasta casi rabiar.
después de todo, yo he corrido con algo de suerte. salud, rockdrigo.
martes, agosto 11
domingo, junio 21
arrebato
él no sabía que esa noche ella lo vería en su cara. al día siguiente, se verían en la de ella.
los recursos
es posible describir lo que ocurría, pero es necesario dibujarlo y animarlo para que se entienda.
vértigo
la música, como una niña de cristal en la cuerda floja, se balanceó suave y violenta, ágil y peligrosa.
catástrofe
en el suelo estaban las pinzas de ropa, derribadas por el viento de la tormenta, hechas pedazos algunas y, al cabo, muertas todas.
sábado, mayo 2
influenza metronómica
¿y quién coño soy yo para no hablar de la influenza?
ayer fue domingo, y mañana también será domingo. será domingo hasta el cinco de mayo, si las cosas no se ponen peor. luego, cuando todo salga bien, y las medidas de seguridad den resultado, el seis, será miércoles.
mis tiempos están enfermos desde que a un genio se le ocurrió que podíamos aprovechar la luz del sol una hora más todos los días durante seis meses y se inventó en horario de verano. se ponen peor porque nunca soy puntual y porque no puedo acomodarme un horario regular. estarán casi muertos cuando me dé influenza y esté dormido casi todo el día.
ya sé que son idioteces, pero cuando empiezo a pensar en estas cosas del tiempo no paro. se me viene el calendario encima. me preocupa que mis asuntos pendientes se queden así toda la vida. ojalá fuera como un gato, y me preocupara sólo porque mi caja de arena no está donde debería, porque mis raciones diarias no se han servido en el plato, o porque hay un dueño que me molesta y que me ataca con sus manos o me aplasta a veces las patitas con las suyas. ojalá tuviera el tiempo de un gato, el de una mosca o el de una tortuga galápago. apenas estornudo, me pongo paranóico.
ayer fue domingo, y mañana también será domingo. será domingo hasta el cinco de mayo, si las cosas no se ponen peor. luego, cuando todo salga bien, y las medidas de seguridad den resultado, el seis, será miércoles.
mis tiempos están enfermos desde que a un genio se le ocurrió que podíamos aprovechar la luz del sol una hora más todos los días durante seis meses y se inventó en horario de verano. se ponen peor porque nunca soy puntual y porque no puedo acomodarme un horario regular. estarán casi muertos cuando me dé influenza y esté dormido casi todo el día.
ya sé que son idioteces, pero cuando empiezo a pensar en estas cosas del tiempo no paro. se me viene el calendario encima. me preocupa que mis asuntos pendientes se queden así toda la vida. ojalá fuera como un gato, y me preocupara sólo porque mi caja de arena no está donde debería, porque mis raciones diarias no se han servido en el plato, o porque hay un dueño que me molesta y que me ataca con sus manos o me aplasta a veces las patitas con las suyas. ojalá tuviera el tiempo de un gato, el de una mosca o el de una tortuga galápago. apenas estornudo, me pongo paranóico.
jueves, abril 16
cri cri
en mi azotea hay montones de grillos. son peores que mosquitos: su canto causa un insomnio insoportable y siempre se repite, como el del teléfono cuando alguien se harta y cuelga del otro lado. además, gigantes o vistos con un microscopio, son horribles, y no al modo de las arañas, que, en las mismas condiciones, parecen gatitos de ocho patas. abajo dejo unas fotos para que no quede duda.
el que inventó la historia de pinocho pensaba como yo. cuando la consciencia es como un grillo, no deja dormir y, aunque parece frágil, se esconde siempre en los lugares más difíciles de atacar. (creo que el chingado grillo ése del cuento se llamaba pepe.)
pero, a pesar de todo, algunas canciones de cri cri me parecen estupendas. sobre todo, recuerdo la de las brujas con mucho afecto. creo que estoy a punto de llorar.


el que inventó la historia de pinocho pensaba como yo. cuando la consciencia es como un grillo, no deja dormir y, aunque parece frágil, se esconde siempre en los lugares más difíciles de atacar. (creo que el chingado grillo ése del cuento se llamaba pepe.)
pero, a pesar de todo, algunas canciones de cri cri me parecen estupendas. sobre todo, recuerdo la de las brujas con mucho afecto. creo que estoy a punto de llorar.


jueves, marzo 26
autoridad y respeto
estaba yo dormido anoche, y de una nada que tenía el color de la niebla y la espesura de un algodón de feria, apareció Don Miguel de Unamuno y me dio una patadita en la espalda. no estaba él parado sobre el colchón, sino que, como la cercanía con el suelo me calma el calor, la cama donde duermo no tiene patas.
si todavía no se lo cuento a todos los que conozco, y si sentado puedo escribir como no podría saltando de alegría, es porque sospecho que aquel tipo no era Don Miguel. Unamuno, creo, no me habría despertado de ese modo, no me habría sugerido asaltar un banco y, sobre todo, nunca tuvo, o nunca lo supe, una cola.
pero es tan respetable la figura de Don Miguel, que, sin que mi buen juicio pudiese intervenir mis macabras decisiones, conseguí esta tarde un estupendo revólver que estrenaré mañana a las nueve en punto. qué le vamos a hacer.
si todavía no se lo cuento a todos los que conozco, y si sentado puedo escribir como no podría saltando de alegría, es porque sospecho que aquel tipo no era Don Miguel. Unamuno, creo, no me habría despertado de ese modo, no me habría sugerido asaltar un banco y, sobre todo, nunca tuvo, o nunca lo supe, una cola.
pero es tan respetable la figura de Don Miguel, que, sin que mi buen juicio pudiese intervenir mis macabras decisiones, conseguí esta tarde un estupendo revólver que estrenaré mañana a las nueve en punto. qué le vamos a hacer.
estos muchachos de ahora
a veces, después de la medianoche, escucho gritos de niños, risas alegres y otros misterios infantiles que vienen de la calle. si tuviera diez años menos, me escondería debajo de las cobijas y trataría de convencerme de que mi cabeza no funciona como debería. pero no tengo diez años menos, y sólo puedo pensar que los tiempos han cambiado.
martes, marzo 24
esperanza
en la última casa de la calle donde vivo hay un hombre con la bitácora llena de fracasos. jura que un día, cuando el concentrado de condiciones adecuadas esté bien cocido, se levantará y provocará una epidemia con la rabia que lo está torturando.
sus enemigos están muertos desde hace quince años, y las piernas ya no le funcionan bien, pero aún escucho sus insultos cuando camino por su banqueta y memorizo sus promesas negras.
esta mañana le dejé en la puerta un manual con instrucciones para construir bombas caseras. espero con toda mi alma que recuerde todavía cómo leer.
sus enemigos están muertos desde hace quince años, y las piernas ya no le funcionan bien, pero aún escucho sus insultos cuando camino por su banqueta y memorizo sus promesas negras.
esta mañana le dejé en la puerta un manual con instrucciones para construir bombas caseras. espero con toda mi alma que recuerde todavía cómo leer.
lunes, noviembre 3
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no estoy bien, pero estoy vivo. quizá sería igual estar bien y muerto. que me lo digan los profesionales.
no sé cuántos bares visitaré, cuántos jefes conoceré, cuánta basura escribiré ni cuántos cigarros besaré antes de olvidar que yo tenía una vida feliz y de que cometí dos errores. el primero, más grave que el segundo. los detalles me los ahorro, pero sépase que un canalla pequeño merece la misma pena que un canalla de tres cabezas.
aunque no insistiré, porque estoy convencido en la corteza, no lo estoy en el cerebelo y en la boca del estómago. el dolor siempre se disipa, pero la apuesta es por la fecha. dos meses? dos años? dos décadas?
no tengo derecho a insistir, pero tengo derecho a padecer. la dignidad es lo más ridículo que he conocido en la vida, pero es hora de reconciliarme con ella.
no sé cuántos bares visitaré, cuántos jefes conoceré, cuánta basura escribiré ni cuántos cigarros besaré antes de olvidar que yo tenía una vida feliz y de que cometí dos errores. el primero, más grave que el segundo. los detalles me los ahorro, pero sépase que un canalla pequeño merece la misma pena que un canalla de tres cabezas.
aunque no insistiré, porque estoy convencido en la corteza, no lo estoy en el cerebelo y en la boca del estómago. el dolor siempre se disipa, pero la apuesta es por la fecha. dos meses? dos años? dos décadas?
no tengo derecho a insistir, pero tengo derecho a padecer. la dignidad es lo más ridículo que he conocido en la vida, pero es hora de reconciliarme con ella.
viernes, agosto 22
1 (va de nuez) Los charcos de vodka
Silvia recordó el agua helada y que en su casa no había una sola pastilla de jabón cuando quiso bañarse. Se tocó el rostro entonces y sintió en las yemas mugre y maquillaje. Además, el vestido se le pegaba al cuerpo, los zapatos le lastimaban los pies y el cabello se le metía en los ojos, pero a pesar de que muchos hombres la habían visto sin ropa y de que ahora estaba sola, no se desnudó porque algo como miedo o como pudor la tenía paralizada.
Y luego, el domingo iluminó con los rayos de su Sol la basura fresca de la mañana, y pronto vapores agrios y humores amargos inundaron la casa y la cabeza de la señora Robles, quien por rabia se escondía en guaridas oscuras y calmaba su sed como si cientos de cosacos hubiesen participado en su crianza. Los labios se le envenenaron, los brazos se le afilaron y la entrepierna se le llenó de espinas. Lloró ajenjo negro toda la mañana, y las sábanas de su cama quedaron sucias de tristeza. La transformación duró hasta que el único bar de la cuadra abrió sus puertas.
Y luego, el domingo iluminó con los rayos de su Sol la basura fresca de la mañana, y pronto vapores agrios y humores amargos inundaron la casa y la cabeza de la señora Robles, quien por rabia se escondía en guaridas oscuras y calmaba su sed como si cientos de cosacos hubiesen participado en su crianza. Los labios se le envenenaron, los brazos se le afilaron y la entrepierna se le llenó de espinas. Lloró ajenjo negro toda la mañana, y las sábanas de su cama quedaron sucias de tristeza. La transformación duró hasta que el único bar de la cuadra abrió sus puertas.
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