lunes, enero 21
sábado, enero 12
azar y justicia
Se toma con una mano un peón blanco y con la otra uno negro. En la espalda, ambos puños se intercambian contínuamente el contenido. Esta operación durará tanto como el operador quiera o se harte. Al final, el oponente elegirá una opción: puño izquierdo o derecho. Si señala el puño izquierdo, y en él hay una pieza blanca, jugará con blancas. Si hay una negra, jugará con negras. Si, por el contrario, escoge puño derecho, se aplicarán las mismas reglas.
Este peqeño ritual es la base de la justicia en el juego de ajedrez. Es obvio por qué no hay qué fiarse del que siempre quiere jugar con blancas. Hace unos días, no me resultaba evidente porqué no había qué fiarse de tipos como yo. El que siempre quiere jugar con negras, aunque no espera la ventaja del primer turno, espera un pretexto o un escalón. El pretexto, por si pierde, y el escalón, por si gana, para poder decir que a pesar de una desventaja consiguió la victoria.
Este peqeño ritual es la base de la justicia en el juego de ajedrez. Es obvio por qué no hay qué fiarse del que siempre quiere jugar con blancas. Hace unos días, no me resultaba evidente porqué no había qué fiarse de tipos como yo. El que siempre quiere jugar con negras, aunque no espera la ventaja del primer turno, espera un pretexto o un escalón. El pretexto, por si pierde, y el escalón, por si gana, para poder decir que a pesar de una desventaja consiguió la victoria.
viernes, diciembre 21
relatividad
Seis de la mañana. Huevo con pan. Mira la punta de sus tenis y encuenta boronitas pegadas en la tela gris. De pronto, la luz del sol inunda la casa y Jaime debe salir, debe salir, el cuarto está lleno y apretado y asfixiante.
Afuera, el trabajo del conductor estorba la puntualidad de todos los empleados. Los semáforos duran dos tiempos a los ojos de quienes aguardan pasaje. Los muertos aguardan su resurección impacientes, contemplan el paisaje, se rascan las uñas con las uñas de otros muertos.
Algunos golpetean el suelo a pataditas intermitentes como para que el ritmo de su reloj acelerado mueva la camionetilla cuadrada, pero Jaime mira la ventana, y su atención es sólo para la mínima mancha de grasa que descansa sobre el vidrio.
El vehículo de transporte colectivo hace su última parada y el tiempo reaparece. Jaime corre, corre, tropieza con una chica, dos, un hombre que lleva junto al cuello un bulto, y, a punto de los torniquetes del metro, tumba con su carrera a una viejita que la mera verdad no hacía más que estorbar en el paso. La anciana cae y los que estaban tras ella por fin suben la velocidad de su marcha. Jaime, apenado, se queda y la ayuda. Una señora adivina y piensa en lo absurdo que resulta que la gente de sus días se arrepienta de los favores que hace al prójimo.
Más tarde, cerca de la estación, Jaime nota que ahora es demasiado tarde. Recupera entonces el tiempo. Mientras tanto, en la central camionera, un autobús cierra sus puertas y el reloj se detiene para un grupo de pasajeros.
Afuera, el trabajo del conductor estorba la puntualidad de todos los empleados. Los semáforos duran dos tiempos a los ojos de quienes aguardan pasaje. Los muertos aguardan su resurección impacientes, contemplan el paisaje, se rascan las uñas con las uñas de otros muertos.
Algunos golpetean el suelo a pataditas intermitentes como para que el ritmo de su reloj acelerado mueva la camionetilla cuadrada, pero Jaime mira la ventana, y su atención es sólo para la mínima mancha de grasa que descansa sobre el vidrio.
El vehículo de transporte colectivo hace su última parada y el tiempo reaparece. Jaime corre, corre, tropieza con una chica, dos, un hombre que lleva junto al cuello un bulto, y, a punto de los torniquetes del metro, tumba con su carrera a una viejita que la mera verdad no hacía más que estorbar en el paso. La anciana cae y los que estaban tras ella por fin suben la velocidad de su marcha. Jaime, apenado, se queda y la ayuda. Una señora adivina y piensa en lo absurdo que resulta que la gente de sus días se arrepienta de los favores que hace al prójimo.
Más tarde, cerca de la estación, Jaime nota que ahora es demasiado tarde. Recupera entonces el tiempo. Mientras tanto, en la central camionera, un autobús cierra sus puertas y el reloj se detiene para un grupo de pasajeros.
domingo, noviembre 25
supersticioso
me llegó una de esas horribles cartas cadena y estaba aburrido. lo mejor habría sido no meterse con ella: me amenazó con que se cumpliría exactamente lo contrario a lo que yo pedía si no mandaba algunos correos.
los horóscopos y la adivinación siempre me han resultado atractivos; nunca ciertos. quizá si hubiese seguido mi instinto (como la carta lo exigía), y hubiese pedido el cambio repentino de color de alguna tarugada, no me habría entrado el pánico, pero abogué por la felicidad de otra persona. recordé entonces que oliveira y el cubito de azúcar y el nombre de alguna persona con la primera letra del objeto... y a jodorowsky.
el caso es que terminé persuadido.
rían, escasos lectores, rían, pero el ocio también los atrapará algún día.
los horóscopos y la adivinación siempre me han resultado atractivos; nunca ciertos. quizá si hubiese seguido mi instinto (como la carta lo exigía), y hubiese pedido el cambio repentino de color de alguna tarugada, no me habría entrado el pánico, pero abogué por la felicidad de otra persona. recordé entonces que oliveira y el cubito de azúcar y el nombre de alguna persona con la primera letra del objeto... y a jodorowsky.
el caso es que terminé persuadido.
rían, escasos lectores, rían, pero el ocio también los atrapará algún día.
no hay palabras
Creo que al final murió la época en la que. Todo ha. Desde el, hay canciones que me hacen. Se han vuelto muy comunes los y las y. Y no es que reír fuera mi, pero es una de las cosas perdidas.
La semana pasada me encontre de frente con en el metro. Si no me reconoció, fue por mi nueva expresión de, o eso es lo que quiero pensar, porque es muy probable su. Pero eso poco importa, lo que yo quería decir es que cuando lloras en silencio, y te arrinconas por allí, y no quieres que te vea, ni verme, ni nada, siento como si. Y no digo que no lo hagas, porque no tienes conmigo, lo que digo es que creo que puedo. Ojalá puedas entenderlo.
La semana pasada me encontre de frente con en el metro. Si no me reconoció, fue por mi nueva expresión de, o eso es lo que quiero pensar, porque es muy probable su. Pero eso poco importa, lo que yo quería decir es que cuando lloras en silencio, y te arrinconas por allí, y no quieres que te vea, ni verme, ni nada, siento como si. Y no digo que no lo hagas, porque no tienes conmigo, lo que digo es que creo que puedo. Ojalá puedas entenderlo.
domingo, noviembre 18
Nick Belane descubre el diccionario
A veces pienso: pertenezco a la peor raza del planeta y encima estudio para crítico. Antes me interesaban las mutilaciones, las computadoras, las ranas, los planetas extraños y los lagartitos. Conservé de todo mis gustos no oficiales. Las mujeres y la literatura nunca se me dieron, y mi necedad provocó al final resultados desastrosos (para otros, porque el vodka me sienta bien). Pero entonces me pregunto: ¿existirá la buena literatura o en cuestión gustos se rompen géneros?
jueves, noviembre 8
Adiós a Don Gregorio
Ayer me enteré de la muerte de Don Gregorio, un simpático borracho fiel a las chivas que cantaba bien bonito las rancheras. Se ahogó con su propia sangre un domingo por la madrugada. Lo encontraron en el baño de su casa vivo todavía; no sabían por qué le costaba tanto trabajo respirar, y cuando llegó la ambulancia, ya estaba bien frío.No lo conocí tanto como para apreciarlo y derramar unas pocas lágrimas por él, pero he de confesar que, de una forma inconsciente, lo concebía como inmortal. Me costó un poco de trabajo creerlo, tardé alrededor de cuarenta segundos en imaginar su rostro, y aún no puedo recordar su voz desde las escaleras en las que descansaba sus caguamas y sus anchas posaderas.
Don Gregorio no hizo grandes cosas, no se puede decir que haya sido un gran hombre, pero cuentan que cuando su esposa y su hija regresaron de cierto viaje en relación con el placer, tardaron alrededor de media hora en caminar el tramo que va desde la esquina hasta la puerta de su casa (algo así como 20 metros) por el gentío que se había acumulado para el velorio, que ya tenía unas 2 horas ofreciendo café a los invitados. No habían podido contactarlas, se dieron cuenta de lo que sucedía hasta que vieron el interior de la caja.
Así es. Todos conocían a Don Gregorio. Por lo poco que sé de él, creo que le habría gustado que llevaran una playera de las chivas a la hora del entierro, para que luego de la primer carga de tierra, se escuchara un grito cordinado de «gooooool» en señal de despedida.
Descanse en paz, Don Gregorio.
viernes, octubre 26
nuevaentrada
con regularidad, visito lo que has escrito. lo que han escrito.
mi pasado dice algo de vez en cuando. me intereso por saber que le va mal y que no es feliz. y que le hice daño.
mi presente repite que las cosas no van bien, y me esfuerzo, no sé por qué, para que le sean más agradables y para que pueda olvidar. sé que no lo conseguiré; es más: he prometido no intentarlo, pero continúo haciéndolo. de este modo me siento un poco mejor. últimamente ha manifestado algunas sonrisas.
mi futuro no dice nada. permanece callado y quizá se ríe de mis ridículas preocupaciones.
y yo digo quizá debería ocuparme de mí mismo, pero descubro inmediatamente la flor, porque al final sé que todo esto lo hago precisamente por mí mismo.
de todos los pretextos que uno puede inventar, el único cierto siempre está relacionado con el egoísmo.
mi pasado dice algo de vez en cuando. me intereso por saber que le va mal y que no es feliz. y que le hice daño.
mi presente repite que las cosas no van bien, y me esfuerzo, no sé por qué, para que le sean más agradables y para que pueda olvidar. sé que no lo conseguiré; es más: he prometido no intentarlo, pero continúo haciéndolo. de este modo me siento un poco mejor. últimamente ha manifestado algunas sonrisas.
mi futuro no dice nada. permanece callado y quizá se ríe de mis ridículas preocupaciones.
y yo digo quizá debería ocuparme de mí mismo, pero descubro inmediatamente la flor, porque al final sé que todo esto lo hago precisamente por mí mismo.
de todos los pretextos que uno puede inventar, el único cierto siempre está relacionado con el egoísmo.
martes, octubre 23
despedidas
y ya no había nada más qué decir, porque el problema era irresoluble. si alguna vez habían sido simples las cosas, había sido por su inmediatez.
caminaron por el malecón hasta el amanecer. no decían nada. a veces se miraban: él hacía un gesto y ella lo contestaba. cualquiera habría dicho que todo estaba bien. los cangrejos huían hacia las piedras del rompeolas cuando sentían el andar pesado de la pareja. a veces, un camión, otro, un auto, pero podía decirse que estaban solos. llegaron a la estación y no se despidieron. decidieron recordarse sin lágrimas, el llanto podía echarlo todo a perder.
ambos sintieron un vacío en la carretera, ella rumbo a ciudad juárez, él rumbo al centro del país. si hubieran sabido que no volverían a verse, aún cuando ya no se querían, se habrían permitido la cursilería de llorar.
caminaron por el malecón hasta el amanecer. no decían nada. a veces se miraban: él hacía un gesto y ella lo contestaba. cualquiera habría dicho que todo estaba bien. los cangrejos huían hacia las piedras del rompeolas cuando sentían el andar pesado de la pareja. a veces, un camión, otro, un auto, pero podía decirse que estaban solos. llegaron a la estación y no se despidieron. decidieron recordarse sin lágrimas, el llanto podía echarlo todo a perder.
ambos sintieron un vacío en la carretera, ella rumbo a ciudad juárez, él rumbo al centro del país. si hubieran sabido que no volverían a verse, aún cuando ya no se querían, se habrían permitido la cursilería de llorar.
miércoles, octubre 17
la suerte de no tener suerte
un día, van a dejar de mirarme. voy a perder todas las oportunidades y seré feliz. tendré un trabajo miserable como todo el mundo, quizá hasta codicie una casa en provincia y jubilaciones. tal vez ansíe tener un perro, una esposa y tres hijos. querré un auto para ir a la feria de chapultepec los domingos. pero habré gastado todos los cartuchos y jamás por mis manos alguna AFORE pasará cierto afortunado día.
y recordaré entonces que cuando las oportunidades se me presentaban el asco me obligaba a rechazarlas, y que los sueños prefabricados me parecían demasiado caros como para pasar una sola noche junto a ellos.
y recordaré entonces que cuando las oportunidades se me presentaban el asco me obligaba a rechazarlas, y que los sueños prefabricados me parecían demasiado caros como para pasar una sola noche junto a ellos.
jueves, octubre 11
cómo te someto a mis alucines?
no te voy a comentar, no te voy a comentar, por lo que hiciste conmigo tú lo tendrás qué pagar.
miércoles, octubre 3
10 pesos la hora
10 pesos la hora son suficientes para enloquecer a un hombre que ha permanecido cinco mil seiscientas como cliente del negocio, si no es Carlos Slim.
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